14 de septiembre de 2014

NOTA DE CIERRE

He decidido dejar el proyecto de novela histórica que me hizo trabajar en la web Cumbres medievales y en este blog, publicando mis desarrollos en vistas a avanzar en la documentación para llevar a cabo la novela. Este blog tenia que ser un archivo-laboratorio. Asi pues, dejo mis estudios medievales, al menos en lo relativo a este proyecto. Gracias.

3 de septiembre de 2014

Antes del tenedor

Comentan Le Goff y Truong que el resultado de la civilización de las costumbres es, ya finalizada la Edad Media, la aparición del tenedor, procedente de Bizancio, vía Venecia [Le Goff, Jacques y Truong, Nicolas.- Una historia del cuerpo en la Edad Media, p.116. Ed.Paidós. 2005]. Anteriormente a este advenimiento, los habitantes del mundo medieval comían con las manos, pero esto no es óbice para que durante los siglos XIII y XIV se desarrollaran "las buenas maneras y las artes de la mesa": "Prohibición de escupir, de mocarse, de dar a un comensal un trozo que se ha mordido previamente... la Edad Media civiliza las prácticas alimentarias. Ya no se come acostados como los romanos, sino sentados. Con los dedos, ciertamente, pero según reglas estrictas, a imagen de los comedores de "mechuis" en el área cultural islámica. También se respeta una distancia conveniente entre los invitados", explican los autores (Ibid.). Si en buena medida las carnes eran coto privado de las clases privilegiadas, respecto a los vegetales que consumían los "laboratores", lo cierto es que "el desequilibrio es más social que estrictamente nutritivo, más cuantitativo que cualitativo. La distinción social pasa por la alimentación" (Op.cit. p.114). Al refinamiento que transforma el alimento en cultura, la cocina en gastronomía se llega por esta carrera por el prestigio o distinción social y los placeres llevados hasta el exceso por parte de los integrantes de la nobleza y la burguesía, clases privilegiadas de las urbes nacientes. La diferenciación, que había regido desde los primeros siglos de la Edad Media, entre cocina propia de los romanos -centrada en "la triada trigo-vino-aceite" (Op.cit., p.112)- y cocina de los bárbaros -principalmente carnes y cerveza- ha sido sucedida por una diferenciación económica, pobres-ricos, en la que los segundos tendrán más material a su alcance, y no discriminarán entre los orígenes de las preferencias. Es decir, en cuestión de carnes se tenderá al disfrute que caracterizaba a los bárbaros, y muchas de esas carnes serán de aves de corral, que abundarán, venidas de la mano con la "civilización del bosque", y no tanto piezas de caza, como se suele creer. También la cerveza pagana se escurrirá entre los pliegues del cristianismo. Entre los siglos XIII y XIV será cuando nazcan manuales y recetas de cocina.


                                 ---La gula, por El Bosco.---

Alexander Nevsky, según Sergei Eisenstein

La película Alexander Nevsky fue rodada por Sergei Eisenstein en 1938, en un momento que apuntaba a la inminente Segunda guerra mundial. En tal clima caldeado surge el film por encargo de Iosif Stalin, y es antes que nada un alegato a la lucha por la patria rusa; de lo que se trata es de defender la patria como valor supremo, una patria unida y viva ("vayan y díganles que Rusia vive"); y una fortaleza ("el que venga con la espada por la espada morirá").
Las mujeres, la pretendida en matrimonio, no se casará con otro que con el que más haya demostrado su valentía en la batalla, y a el se unirá fiel y amante. No hay mucho más en la película en lo que a cuestiones de amor se refiere.
Ante un enemigo exterior se levanta Rusia y uno se siente llamado a entregar su vida por la causa nacional, por la defensa de la tierra.
Es la triste historia de las guerras, de las invasiones de pueblos enteros que se lanzan a guerrear, a segar vidas, como si no tuvieran nada mejor que hacer. En tal caso, aquí el mensaje propagandístico de Eisenstein, entregado "calentito" a Stalin y al espectador, no es otro que la justicia y la bondad del morir por la patria invadida. De los motivos de la invasión y de las formas que los pueblos podrían tener de limitar la agresión invasora sobre otros territorios, por vía de sus gobernantes (del tratado legislativo entre naciones) no se nos dice nada, y en el mensaje de Eisenstein parece que no nos viéramos en la cuarta década del siglo XX sino en la situación del medievo, en el que sólo se trataba de defender los territorios, con uñas y dientes, del enemigo exterior. Puede parecer triste que los propagandistas de nuestra época no tengan otro mensaje que emitir que la defensa de la guerra con fines a defender la patria como valor supremo. En todo caso, me parece que tal defensa de la patria será un simple mal menor, una amarga realidad, y nunca un valor supremo. A mi modo de ver, ya hemos podido vislumbrar que los valores supremos de bondad, en la medida en que se puedan defender enarbolados como bandera, pasan por el pacifismo, por el fin o ausencia del derramamiento de sangre. Se me podrá decir que ese podría ser un valor supremo, pero utópico; y quizás así lo sea. Pero es que quizás hayamos llegado a la tierra en la que valor y utopía se identifican: cuando la patria es utopía, u-topos, la que no tiene lugar.
Y es entonces que nos podemos preguntar por el valor artístico, como defensa y expresión de valores propios, que un film como el Alexander Nevsky de S. Eisenstein puede tener, mas allá de lo que ese cineasta aportase, como ha quedado reconocido sobremanera, a las técnicas de montaje fílmicas en los inicios del cine sonoro, en la década de los treinta del pasado siglo XX.
Nevsky el gobernante sería con los siglos, entre los soviéticos, considerado héroe nacional (Stalin fundará una orden militar con su nombre; y la arteria principal de San Petersburgo -la perspectiva Nevsky- lleva el nombre que tomaría quien venció a los suecos sobre el río Neva); pero lo que es en buena medida cuestionable es que sean interesantes los heroísmos y, tambien, otros "ismos".
Eso no quita que en su tiempo Nevsky pudiera ser considerado un héroe o, cuando menos, un buen gobernante para su pueblo, un pueblo que necesitaría defenderse de sucesivas invasiones del entorno, de los suecos, de los germanos de la Orden teutónica ligados a la Iglesia católica en sus afanes expansivos, y de los mongoles, a quienes los rusos pagarían tributo al instaurarse, con la Horda de Oro, la pax mongólica. Los mongoles, con toda su agresividad, impusieron la pax. Y de la paz que hoy tratamos es la que quizás tendrían que emitir los medios, cuando menos los artísticos, porque para que fueran los políticos parece que tendríamos que trasladarnos ahí, a Utopía.


Federico II Hohenstaufen

Federico sólo tenía tres años cuando Inocencio III subió al trono pontificio, en 1198. Enrique VI, casado con Constanza, heredera de los reyes normandos, había muerto en 1197. Con la conquista de Sicilia por parte de Enrique VI le quedaba a Constanza una situación política turbulenta, y necesitaba la ayuda papal, cuando el niño pasaba a ser nuevo rey. Lo puso entonces bajo la tutela de Inocencio III, asegurándose su reconocimiento de los derechos del hijo sobre Sicilia aceptando explícitamente la superioridad del pontífice. Así sucedía también en Inglaterra, donde "el rey Juan, tras resistencia encarnizada, se vio obligado a someter su reino a Inocencio y a recibirlo nuevamente como un feudo papal" (Russell, Bertrand, Historia social de la filosofía. II. La filosofía católica, p.164). Y es que Inocencio III se nombraba a sí mismo "rey de los reyes, señor de los señores, sacerdote para siempre, según la orden de Melquisedec" (Melquisedec fue el gran sacerdote-rey de que habla la Biblia).
Cuando Federico II alcanzaba la mayoría de edad Inocencio III se enfrentó al emperador alemán Otón y, entonces, los alemanes lo destituyeron; a instancias del Papa eligieron, para sucederle, a Federico II. Con todo ello Inocencio III exigía a Federico II una enorme cantidad de promesas, que Federico concedió, pero pensando en deshacerse rápidamente de ellas, como comenta Bertrand Russell. Corría el año 1212 cuando Federico II se trasladó a Alemania: "Inocencio no vivió lo suficiente como para ver que él mismo había creado un formidable antagonista del Papado" (Russell, B., Op. cit., p.165).
Del medio en que se ha formado, en su infancia y juventud, Federico II dice Jacques Le Goff: "Se funda el reino normando de las dos Sicilias, una de las crea ciones políticas más originales de la Edad Media. El viajero musulmán Ibn Jobair, en la segunda mitad del siglo XII, queda asombrado por la corte de Pa lermo donde se codean normandos y sicilianos, bizantinos y musulmanes. Las tres lenguas oficiales de la cancillería real son el latín, el griego y el árabe. El reino normando será para la cristiandad un modelo político —donde se pone de manifiesto una monarquía feudal pero moderna— y cultural: centro de traducción del griego y del árabe, lugar de fusión artística del que dan aún testimonio las magníficas iglesias de Cefalú, de Palermo y de Monreale que combinan, en síntesis originales, las soluciones romanogóticas cristianas con las tradiciones bizantinas y musulmanas" (Le Goff, Jacques, La civilización del Occidente medieval, p.60). Federico hablaba correctamente seis idiomas; conocedor de la filosofía árabe mantenía relaciones amistosas con los musulmanes, cosa que escandalizaba a los cristianos piadosos: "Era un Hohenstaufen y en Alemania podía pasar como alemán, pero por cultura y sentimientos era italiano, con una capa bizantina y arábiga" (Russell. B, Ibid.). Aparte el intento de conquista de Sicilia por Otón, que desencadenó la lucha con el Papa, en Palermo -donde Federico II pasó su infancia-, "había revueltas musulmanas; pisanos y genoveses luchaban entre ellos y contra todo el mundo por la posesión de la isla; las personas importantes de Sicilia cambiaban constantemente de bando, según cual fuera el partido que pagase mejor la traición" (Russell, B, Ibid.).
Muertos Inocencio III en 1216 y Otón en 1218 el nuevo Papa, Honorio III, pronto se encontró en dificultades con Federico II. Éste se negó a participar en las cruzadas, y no tenía buen trato con las ciudades lombardas. Estas ciudades firmaron en 1226 una alianza ofensiva y defensiva prevista para veinticinco años. El siguiente Papa, Gregorio IX, excomulgaría a Federico II por su negativa a organizar la cruzada: en 1228, estando excomulgado, la organizó, lo que enojó a Gregorio, aún más que su negativa anterior, pues no sólo estaba excomulgado sino que la estrategia que siguió fue diplomática, tratando amistosamente con los musulmanes, pues Federico estaba casado con la hija y heredera del rey de Jerusalén, y se llamaba a sí mismo rey de Jerusalén: "Llegado a Palestina, Federico se hizo amigo de los musulmanes, les explicó que los cristianos atribuían una gran importancia a Jerusalén a pesar de su escaso valor estratégico y les convenció para que cediesen la ciudad sin lucha. El Papa se enfureció aún más: había que luchar contra los infieles, no negociar" (Russell, B., Op.cit., p.166). De hecho, Federico II había triunfado y Gregorio IX y él hicieron las paces, que durarían hasta 1237, cuando Federico entró nuevamente en conflicto con la Liga Lombarda, con lo que vuelve a ser excomulgado. La lucha entre los dos bandos fue cada vez más cruel, violenta y traidora hasta la muerte de Federico, en 1250, cuando el resultado aún no estaba decidido. La muerte del emperador acabaría dando la ventaja al lado papal. La lucha entre papas y emperadores había alcanzado su paroxismo con Federico II: "Finalmente el papado parece haber salido definitivamente victo rioso. Federico II muere en el 1250 y deja el Imperio sumido en la anarquía del Gran Interregno (1250-1273). Pero al encarnizarse contra un ídolo con los pies de barro, contra un poder anacrónico como es el del emperador, el Papa ha olvidado «e incluso ha favorecido» la aparición de un poder nuevo, el de los reyes. El conflicto entre el más poderoso de ellos, el rey de Francia Felipe el Hermoso, y el Papa Bonifacio VIII termina con la humillación del pontífice, que incluso es abofeteado en Anagni (1303), y con el destierro, o mejor con la «cautividad» del papado en Aviñón (1305-1376)" (Le Goff, J., Op.cit, p.183-184).
Con la muerte, en 1241, de Gregorio IX, es elegido Inocencio IV, feroz enemigo de Federico II: destituyó al emperador, organizó una cruzada contra él y excomulgó a todos sus partidarios. Las conspiraciones que surgían contra su persona eran cada vez más cruelmente castigadas por el emperador. En el transcurso de esta lucha titánica fue cuando Federico II concibió fundar una nueva religión: "La idea del imperio universal reviste una última forma, deslumbradora, bajo Federico II, que corona sus pretensiones jurídicas a la supremacía mundial con una visión escatológica. Mientras que sus adversarios hacen de él el Anticristo o el precursor del Anticristo, él se presenta como el Emperador del Fin del Mundo, el salvador que llevará al mundo a la edad de oro, el "immutator mirabilis", nue vo Adán, nuevo Augusto y, muy pronto, casi otro Cristo. En 1239 ensalza a su villa natal de Iesi, en las Marcas, como a su propio Belén" (Le Goff, J., Op.cit., p.242). Sobre este orden de propaganda considera Jacques Le Goff: "Sin embargo, la pareja esencial es la que forman el Anticristo y su enemigo, el rex justus, el «rey justo». Inte reses, pasiones y propaganda se apoderan de los personajes ilustres de la es cena medieval y, según las necesidades de tal o cual causa, sus partidarios los identifican con el rey justo o con el Anticristo. Las propagandas nacionales de Alemania hacen de Federico Barbarroja y de Federico II el buen Empera dor del Fin del Mundo, mientras que, apoyándose en un texto de Adson, los propagandistas del rey de Francia profetizan la unión de la cristiandad bajo un rey francés, propaganda de la que sale beneficiado de manera especial Luis VII en tiempos de la segunda cruzada. Por el contrario, los güelfos, par tidarios del Papa, hacen de Federico II el Anticristo, mientras que Bonifacio VIII es para sus adversarios laicos un Anticristo sobre el trono de san Pedro. Conocido es el éxito de que gozó en los siglos XV y XVI ese instrumento pu blicitario conocido como el Anticristo. El Anticristo serán Savonarola para sus enemigos y el Papa romano para los seguidores de la Reforma" (Op.cit, p.166).
Y Bertrand Russell expone a modo de conclusión sobre el proyecto político de Federico II (Op.cit., p.168): "A pesar de su gran capacidad, Federico no podía triunfar porque las fuerzas antipapales de la época eran piadosas y democráticas y él se proponía algo parecido a la restauración del Imperio romano pagano. Era un hombre ilustrado, pero retrógrado en política. Su corte era de tipo oriental, tenía un harén guardado por eunucos, pero fue en esta corte donde comenzó la poesía italiana y él mismo era un poeta meritorio. En su conflicto con el Papado, publicó escritos polémicos sobre los peligros del absolutismo eclesiástico, que el siglo XVI habría aplaudido pero que en aquella época caían en el vacío."




Bibliografía

Le Goff, Jacques y Truong, Nicolas.- Una historia del cuerpo en la Edad Media. Ed. Paidós. 2005.
Russell, Bertrand.- Historia social de la filosofía. II. La filosofía católica. Col. El cangur Assaig (en catalán). Ed. 62. 1995.

El niño al margen

Si lo que pretende muy inteligentemente el lector es, con estos textos medievales, evadirse de las miserias de nuestra vida cotidiana contemporánea; si lo que pretende es eso (cosa que en cierto sentido pretende todo el que se sumerge en el estudio o contemplación de lo histórico, de la historia, no menos que el no contradictorio impulso hacia una comprensión más veraz de nuestro presente vivido) entonces que tal lector me permita un inciso: aunque tengo la consigna de olvidar las noticias de la TV a eso que llega el mediodía como muy tarde, no siempre es posible, y quizás tampoco del todo deseable. Pienso en las noticias de TVE1 esta mañana, en la que junto al discurso del nuevo rey de España, el que hasta hace poco era el príncipe Felipe, y como la noche deja paso a un nuevo día he aquí que es ya nuestro rey Felipe VI: ¡Alabado sea el Rey!¡Gloria al soberano, y también a la patria! En esa patria se nos dice en las noticias, en noticia yuxtapuesta a todo lo panópticamente visible en la coronación comentada (los reyes comenzarían a adquirir poder en el siglo XIII, sucediendo a la figura anacrónica del Emperador, como comenta Le Goff en unas palabras que cité ya anteriormente en el texto sobre "Federico II Hohenstaufen"); en esa patria están viviendo, según los a veces demasiado fríos números, uno de cada cuatro niños por debajo del llamado umbral de la pobreza (y en otra noticia yuxtapuesta se remata el noticiario dejando caer que la O.N.G. Caritas ha tenido que triplicar sus ayudas en los últimos cinco años). Los números, según se miren, parecen crecer, aunque algunos ya ven realidades que empiezan (y parecen volver a empezar cada día) a confirmar la salida de "this thing called crisis". Crisis, un paralelismo que vemos con esa miseria que caracteriza los tiempos del medievo. ¿Cómo eran los niños entonces? -Mucho más desgraciados, se nos dirá. -Quizás ya no tanto, quizás sea lógico responder tras haber seguido el noticiario de hoy día 20 de junio de 2014 (junto a cualquier imagen mundial de miseria y explotación, pan de nuestra perplejidad paralizada), en el que se presenta a Felipe VI, que tendrá que afrontar la crisis de un país, y tratar de erradicarla, supongo, tomando el relevo monárquico de su padre, que afrontaría lo que llevamos de crisis, no creo que nadie sepa si mucho o poco (creo intuir, aunque no con métodos científicos tipo conjetura-refutación, que poco -y es que tengo pocas esperanzas puestas en la erradicación o incluso disminución de la miseria en el mundo actual). Sigamos pues: en el siglo XIII la mortalidad infantil se presume alta; en casa el niño no era como el favorecido que es en la actualidad sobre todo en los países mediterráneos, si aceptamos la observación de Le Goff y Truong en Una historia del cuerpo en la Edad Media, ni mucho menos (siguiendo la lectura de estos autores) el niño-rey característico de la península itálica de hoy en día. (Apuntar el dicho popular catalán de "El reietó de la casa", traducido como "el reyecito de la casa", referido al niño, claro; aunque a veces la madre desvíe la mirada hacia su cónyuge cuando emite tal juicio con sonrisa extraña). En el siglo XIII, nos cuentan Le Goff y Truong, surge una revalorización del niño: "Este incremento de atracción y de interés por el niño se manifiesta igualmente en el auge de la Natividad en la liturgia y en la iconografía medievales. Las representaciones de la Natividad adoptan asimismo un carácter mucho más realista al final de este periodo, coincidiendo con la evolución del arte medieval en general. La representación del nacimiento de Cristo se convierte en una verdadera escena de parto, con una virgen parturienta y sirvientes que lavan al niño en una jofaina, mientras que en representaciones anteriores el espectador sólo podía ver la presencia de un San José dubitativo, incluso gruñón y a menudo risible que, en un rincón del cuadro, parecía estar preguntándose cómo había podido producirse este nacimiento". A partir del siglo XIII, "con la promoción del niño Jesús se promueve la infancia, en particular con la redacción de numerosos Evangelios apócrifos que relatan la infancia de Jesús". También apuntan Le Goff y Truong que "las manifestaciones desbordantes de dolor cuando mueren los hijos se acentúan".
(Para las referencias utilizadas: Le Goff, Jacques y Truong, Nicolas- Una historia del cuerpo en la Edad Media, subcapítulo -Finalmente aparece el niño-: pgs.84-87. Ed. Paidós . 2005).


---El niño tiene un lugar en la Madonna di Castelfiorentino de Cimabue (1240-1302).---

El flautista de Hamelín

"Las ratas devastan los trigos; gran escasez."
Anales de Basilea, 1271.

La leyenda del flautista, basada en unos hechos acontecidos en la poblacion alemana de Hamelín en 1284, cuando de la noche a la mañana desaparecieron una cantidad considerable de niños, siempre me ha parecido interesante, más que nada porque da que pensar, o eso pienso yo.
Hay diversos puntos de interés que, en una sencilla secuencia argumental, se van desarrollando. Primeramente, un hombre con su flauta o caramillo se muestra como la solución ante los males de los que Hamelín es objeto: una plaga de ratas. Por aquellos tiempos eran relativamente frecuentes las apariciones masivas en las poblaciones de ratas o insectos como langostas, que acababan con las cosechas de las que básicamente se nutría la economía subsistente del mundo medieval: como consecuencia, el hambre, la quiebra del equilibrio de subsistencia, siempre pendiente de un hilo en la época. En definitiva, el mal personificado en la figura de los pequeños roedores.
Y a este mal se venía a oponer un bien -la solución-: una flauta. Y también me parece significativo que sea una flauta lo que encarne a este bien y no, por ejemplo, una manguera. Porque, ¿qué son los sonidos de la flauta? Evidentemente se trata del arte musical, un goce sensual que arrastra a esa masa de ratas como por hipnosis. Las ratas no atienden, con seguridad, a la música, y en todo caso no se dejan llevar por ella, pero aquí están encarnando el mal que acecha a los ciudadanos, y a ese mal simbolizado y absoluto es al que trata de vencer el flautista, el arte sensual de la música; por extensión diremos que los placeres -o los goces sensuales- disipan el mal, acaban con él llevándoselo a su final en el río.
Pero entonces el flautista es traicionado por los poderes políticos de la población -el alcalde y su Consejo-, que no le retribuyen lo que, por su obra, pedía. Parece que encontramos aquí la cuestión de lo que pide a la especie humana, a la civilización, ese arte que se ha llevado los males. Lo que pide no parece ser mas que "un buen uso (de él)": recordemos que el artista ha sido traicionado, y podríamos decir que estúpidamente, por la ambición o avaricia de los gobernantes. Es entonces cuando un bien -lo que erradica un mal (y hablamos en términos absolutos, característicos de la mentalidad del siglo XIII, y, por extensión, de la Edad Media en su conjunto)- se torna él mismo en un mal, por propia decisión (la venganza en el flautista): más les valdrá ahora a nuestros queridos humanos atarse, como Ulises, a un mástil, para no seguir el destino de las melodías surgidas de la flauta, flauta que es ahora -aunque no visiblemente- diabólica (una inocente y bondadosa apariencia es sabida artimaña del Diablo, o así se presenta al medievo): la realidad se verá con los tristes hechos: unos niños llevados a su perdición, una perdición bien real.
¿Y qué es lo que ha tornado en mal el bien de la flauta? ¿Qué es lo que nos ha llevado a alejarnos de su "buen uso"? Yo voy a sugerir aquí la continuación, lo que me evoca la leyenda, donde simplemente se ha visto dirigido mi pensamiento por años. Lo único que sugiero a modo de hipótesis es que lo que se introduce aquí, apartándonos del buen uso del bien encarnado por el flautista, es nuestro exceso, una desmesura (la "hybris" griega) que desfigura los limites de lo bueno, que hace que se desborde como una fuga de agua, vaciando el recipiente, transfigurando su fluidez clara y transparente en el opaco mal. Encontramos aquí el principio del alquimista Paracelso -"sólo la dosis hace el veneno", y: "todo es venenoso". En este sentido me gusta encontrar en la Leyenda del flautista una alegoría del equilibrio, de la mesura, como cuando era más joven podía ver -y puedo ver todavía- una alegoría del consumo de drogas. Y en este caso, como en el de los males potenciales inherentes a los aparentemente bondadosos progresos de la tecnología, ya no estamos tratando sólo de una historia narrada según una óptica exclusivamente afín a lo medieval.
De ahí también la pregunta: ¿están nuestras cabezas -el Consejo de gobernantes- preparadas para las soluciones que se les presentan o sólo pueden hacer eso, traicionar, traicionándose a sí mismas?

La muerte de Ogotai Kan (Salvados por la campana)

Pocas veces habrán suspirado de alivio ante una noticia como los europeos del siglo XIII al darse la muerte del kan mongol Ogotai, hijo y sucesor de Gengis Kan, bajo cuyo gobierno se produjo la invasión mongola de Occidente.
Entre 1238 (once años después de la muerte de Gengis Kan) y 1242 los generales mongoles al mando de varias divisiones hicieron estragos en Europa donde fueron derrotando, uno tras otro, a los ejércitos nacionales que se les oponían, en alianza con templarios y caballeros de la orden teutónica. Comenzó el general Batu el espléndido invadiendo Kiev, las ciudades rusas y las estepas del mar Negro. Envió columnas para invadir la Rutenia (Polonia occidental). En marzo de 1241 estaban los mongoles al norte de los Cárpatos, entre Lemberg y Kiev. Los cuerpos de ejercito dirigidos por Kaidu y Baibars vencieron a los polacos de Boleslao (era el 18 de marzo; Cracovia fue incendiada) y al duque de Silesia: el 9 de abril, en la batalla de Liegnitz las fuerzas alemanas y polacas fueron prácticamente exterminadas; Enrique el Piadoso y sus barones perecerían entonces. "La leyenda dice -cuenta Harold Lamb en su Gengis Kan. Emperador de todos los hombres- que los mongoles cortaron una oreja a cada muerto enemigo y llenaron nueve sacos de ellas, que llevaron a Batu, su príncipe. La cabeza del desdichado Enrique, fue llevada en una lanza a Liegnitz". Al dia siguiente de la batalla Kaidu y Baibars se encontraban con el poderoso rey de Bohemia Wenceslao y lo burlaban, dirigiéndose hacia el sur para reunirse con Batu y Subotai, que estaban al mando de tres divisiones. Éstos habían pasado los Cárpatos y descendían por dos flancos: Subotai descendió a través de Moldavia, Batu vencía ante pequeños ejércitos entrando en Hungría desde Galitzia. Batu, Subotai y Mangu vencían a los húngaros de Bela en la batalla de la llanura de Mohi. Dice Harold Lamb: "Los húngaros huyeron y fueron perseguidos despacio. Durante dos días, los cuerpos de los europeos cubrieron los caminos. Cuarenta mil cayeron. Bela, separado de sus compañeros supervivientes, abandonó a su hermano moribundo, el arzobispo asesinado. Por la gran rapidez de su caballo se libró de la persecución, se ocultó a lo largo de la ribera del Danubio, fue perseguido y huyó a los Cárpatos. Con el tiempo llegó al mismo monasterio que albergó a su hermano Boleslao el Casto, rey de Polonia". Atravesando Austria bajaron los mongoles hasta el Adriático, arrasando y saqueando ciudades costeñas. Lamb concluye lo mismo que deberían pensar los cerebros de la época, a saber: "Los ejércitos aptos sólo para moverse en masa y conducidos por monarcas incompetentes, como Bela o San Luis de Francia,  fueron  valientes, pero inhábiles para conseguir éxito contra  el rápido  maniobrar  de  los  mongoles,   dirigidos  por  generales como Subotai, Mangu y Kaidu, veteranos de toda una vida de lucha en dos continentes".
Entonces fue cuando llego el correo de Karakorum: habia muerto Ogotai y los generales mongoles debían regresar con sus ejércitos al Gobi. Europa había sido, como el boxeador contra las cuerdas, salvada por la campana.



La cuestión de la lepra

En el siglo XIII la lepra era la enfermedad de enfermedades, en el seno del Occidente cristiano. Una enfermedad que habían conocido las más diversas culturas desde antiguo -tenemos descripciones médicas de los chinos, de los hindúes, de los egipcios- alcanza en el siglo XIII cotas de carácter epidémico. Miles de leproserías se alzaban aquí y allá, dibujando la cotidianeidad de los territorios europeos. En ellas se había emplazado a vivir, al margen de la sociedad y ya como "muertos en vida", a los enfermos de lepra: a los leprosos se les suprimían los derechos civiles y se les imponía un estricto código de conducta que no hacia sino dar cuerpo a la exclusión social de la que eran sujetos. Desde tiempo inmemorial se había asociado la lepra al pecado, la enfermedad corporal a la impureza de espíritu, que iban de la mano expresando el castigo al que Dios había sometido al enfermo: llagas, heridas, malformaciones eran signos, señales de un destino que el enfermo habría merecido.
"Quiero, queda limpio", había dicho Jesucristo al leproso Lázaro. Y la sanación cristiana consiste en esta curación. Adquiere con ello la cuestión en torno de la lepra un nuevo panorama, un nuevo entramado de constelaciones simbólicas. La lepra no es entonces el resultado o expresión de un pecado particular del individuo afectado -y socialmente negado y excluido- sino el símbolo de la impureza que todo buen cristiano deberá tratar de sanar, en sí y junto a los que lo rodean. Esto da lugar al trato con la lepra, con el leproso, como manifestación divina, sagrada, por así decirlo, en la que a través de la misericordia, está llevándose a cabo un proceso curativo, sanador de los que en esa comunidad se integran. Es el acercamiento al leproso como vía para la cura de la lepra, la impureza localizada en el interior del buen cristiano, que deberá encontrar en el contacto misericordioso el trampolín para su propia curación: podemos decir que el leproso, entonces, está en el espejo; y para llegar a la propia sanación se ha de habitar la enfermedad del leproso, como quien para alcanzar la luz atraviesa el fuego. Esa fue la respuesta de un San Francisco de Asís y de los seguidores de la regla de su Orden de los hermanos menores. San Francisco no construía leproserías, sino que convivía con el leproso hasta besar sus llagas, hasta limpiar y curar sus heridas. Su devoción por los leprosos, el trato dispensado hacia sus personas, era un acto de humildad (por eso eran hermanos Menores), de respeto por la dignidad de la pobreza y de la indigencia. Los tesoros - y San Francisco siempre trata de seguir a Cristo- están en el respeto, la dignidad, el gozo y la misericordia, como puertas al reino de los Cielos. Así tenemos a San Francisco y los suyos construyendo una choza al lado de la leprosería, ese lugar en el que, al margen, quedaba el leproso, exiliado en su tierra, desposeído por ley, excluido por principio: Francisco tiende su mano a aquél a quien, más allá del maquillaje corporal, ha reconocido: no se trata sino del reconocimiento de la dignidad en el espejo.


Introducción a la alquimia: Arnau de Vilanova

Se considera, como lugar común, a la alquimia, la antigua ciencia alquímica, como un precursor de la química nacida y desarrollada en la modernidad. No obstante, esta vinculación requiere una precisión o matización.
Si la química actual se ocupa evidentemente de aspectos de la naturaleza, si puede ser considerada como lo que desde tiempo atrás se viene en llamar una ciencia natural, la alquimia tiene una doble faz, como dos espejos superpuestos, que la hacen ser tanto lo que se clasificaría como ciencia de la naturaleza como lo que se clasificaría como ciencia del espíritu. En otras palabras, los textos y la práctica alquímica son partícipes de un simbolismo esotérico que la hacen trascender la combinación de materias en el ámbito natural (ámbito de la química) para simbolizar, desarrollar y explicar el ámbito de lo filosófico-religioso. En tal sentido, la alquimia es un despliegue de la experimentación en filosofía, un despliegue de la filosofía experimental, de la filosofía como experiencia y de la experiencia de la filosofía, que seria decir la experiencia de la sabiduría, la experiencia o saber del sabio. En la alquimia el sabio, el transmisor de la tradición y de los conocimientos alquímicos, es el filósofo. De ahí que cuando en la alquimia se trate de la Piedra, se hable de la piedra filosofal, que, añadiremos, dentro de esas corrientes alquímicas, en concreto en la obra de Arnau (o Arnaldo) de Vilanova, es llamada piedra insignificante (como apunta C.G.Jung en la nota 195 (127) de "Psicología y alquimia"; dice ahi: " Arnaldo de Vilanova (muerto en 1313) llama a la "lapis" "lapis exilis", "piedra insignificante" (Rosarium, 1. c., pág. 210), lo que debería ser importante para la interpretación de Wolfram." [La interpretación de Wolfram von Eschenbach cuando llama "lapis exilis" a la piedra del Santo Grial]. La química concierne a piedras o moléculas; la alquimia despliega una praxis epistemológica que trasciende lo natural: en la alquimia la piedra, la materia siempre trasciende, siempre es símbolo.
Es de esa mutación, de esa transfiguración de la que trata la alquimia; así la alquimia es considerada como el arte de ennoblecer. En este sentido la alquimia fructifica, germina, y no es la ciega o torpe búsqueda de un metal precioso escondido lejos en lo ignoto.
Es esto lo primero de lo que nos hemos podido percatar al introducirnos en los textos de, entre otros, Arnau de Vilanova en lo concerniente a la practica del arte de la alquimia. Decir que esos textos, como sus autores, fueron marginados, perseguidos y censurados por el estamento eclesiástico oficial -así se perdería una parte sustancial de los escritos de Arnau de Vilanova-, aunque, como podemos ver por la biografía de este mismo autor, los alquimistas fueron leídos y estudiados por reyes y pontífices, y en ocasiones llevarían su obra a cabo en su entorno.




ARNAU DE VILANOVA

A continuación pasamos a comentar algunos puntos de un breve texto, referente a la alquimia, de Arnau de Vilanova, quien fuera médico de los pontífices Bonifacio VIII y Clemente V, maestro de medicina en Montpellier, autor de múltiples tratados médicos, con conocimientos cabalísticos y, como vemos, alquímicos. El texto que tratamos es "Semita semitae. El camino del camino". Fue redactado diez años antes de la muerte del autor (n.1238/40-m.1313), y dirigido al papa Benito XI.
A mi modo de ver, lo fundamental del "Semita semitae" es la explicación del quehacer alquímico como praxis de la transmutación de lo impuro en lo puro, extrayendo de lo corporal lo espiritual. En eso consiste la búsqueda de la Piedra.
Comienza explicando Arnau de Vilanova, ciñéndose a la tradición: "De acuerdo con lo que antecede, el que analice las cosas verá que si los filósofos han hablado de un modo oscuro, por lo menos han dicho la verdad. Han dicho que, en efecto, nuestra Piedra tiene un alma, un cuerpo y un espíritu, lo cual es cierto. Han comparado su cuerpo imperfecto al cuerpo, porque no tiene poder por sí mismo; han llamado al Agua espíritu vital porque da al cuerpo, de por sí inerte e imperfecto, la vida que antes no tenía y porque perfecciona su forma. Han llamado alma al fermento porque, como más adelante se verá, ha dado también vida al cuerpo imperfecto, perfeccionándolo y cambiándole en su propia naturaleza". El proceso que lleva a cabo el alquimista consiste en el cambio de las naturalezas, la transmutación: "Dice el filósofo: "Cambia las naturalezas y hallarás lo que buscas." Esto es cierto. Porque en nuestro Magisterio sacamos primeramente lo sutil de lo espeso, el espíritu del cuerpo, y después lo seco de lo húmedo, es decir, la tierra del Agua, y así cambiamos las naturalezas; lo que estaba abajo lo ponemos arriba, de suerte que el espíritu se convierte en cuerpo, y en seguida el cuerpo se transforma en espíritu". A continuación habla del modo de conseguir la materia sutil, "la sutilización" de los cuerpos, diferenciando la practica alquímica de la desarrollada por los "simples de espíritu", "gentes sin experiencia": "Nuestra Agua une cuerpos diferentes entre sí, con tal de que hayan sido preparados como acaba de decirse; esta unión es de tal naturaleza que ni el fuego, ni ninguna otra fuerza, pueden separarlos por la combustión de su principio ígneo. Esta transmutación sutiliza los cuerpos, pero no se trata de la sublimación vulgar de los simples de espíritu, de las gentes sin experiencia, para las cuales sublimar es elevar. Esas personas toman cuerpo calcinados, los mezclan a los espíritus sublimales, es decir, al mercurio, al arsénico, al azufre, etc., y subliman todo con ayuda de un calor fuerte.
>>Los cuerpos calcinados son arrastrados por los espíritus y ellos dicen que están sublimados. Pero ¡qué decepción tienen cuando encuentran cuerpos impuros con sus espíritus más impuros que antes! Nuestra sublimación no consiste en elevar; la sublimación de los filósofos es una operación que hace de una cosa vil y corrompida (por la tierra) otra cosa más pura. Lo mismo que cuando se dice corrientemente: Fulano ha sido elevado al Obispado ... por "elevado" se entiende que fue exaltado y colocado en una posición más honorable. Del mismo modo decimos que los cuerpos han cambiado de naturaleza, es decir, que han sido exaltados, que su esencia se ha hecho más pura; de manera que se ve que sublimar es la misma cosa que purificar; es lo que hace nuestra Agua.
>>Es así como debe entenderse nuestra sublimación filosófica, sobre la cual muchos se han engañado". Así pues, se entiende la sublimación como proceso de purificación: "De suerte que nuestra Agua mortifica, ilumina, limpia y vivifica; primeramente hace aparecer los colores negros durante la mortificación del cuerpo, y después vienen numerosos y variados colores, y finalmente la blancura. En la mezcla del Agua y del fermento del cuerpo, o sea del cuerpo preparado, aparecen una infinidad de colores". La explicación que hace Arnau de Vilanova de la práctica acaba con las siguientes líneas: "Ante todo, precisarás disolver dicho fermento, reducirlo a tierra y, en una palabra, repetir las mismas operaciones que con el cuerpo imperfecto. Sólo entonces los unirás y los empaparás con el Agua que ha pasado al recipiente, y cocerás durante tres días o más. Embebe de nuevo, recuece y repite la operación hasta que ambos cuerpos queden unidos, o sea que no formen más que uno. Pesarás. Su color no habrá cambiado. Entonces verterás sobre ellos el Agua ya citada, poco a poco, hasta que no absorban más. En esta unión de los cuerpos, el Espíritu se incorpora a ellos y como han sido purificados, se transforma en su propia naturaleza. Así es como el germen se transforma en los cuerpos purificados, lo que antes no hubiera sucedido a causa de su carácter grosero y de sus impurezas. El espíritu crece en ellos, aumenta y se multiplica". Como dice Ramon Llull ("De la práctica de la alquimia") cuando habla del calor con la virtud formativa, y los define como "alma", "pero no tal como un acto de un cuerpo orgánico físico llevando en sí la potencia vital, sino como un artesano en su taller fabricando su clavo o cualquier otra cosa siguiendo la forma de su pensamiento". Más adelante, sobre el proceso de sutilización, Vilanova cita a Morienus: "Si no lavas, si no blanqueas el cuerpo inmundo y no le das alma, no habrás hecho nada para el Magisterio. Entonces el espíritu está unido al alma y al cuerpo, se regocija con ellos y se fija. El agua se altera, y lo que era espeso se vuelve sutil ". Y concluye con los logros del Arte: "He aquí. lo que dice Astanus en la Turba de los Filósofos: "El espíritu no se une a los cuerpos, sino cuando éstos han sido perfectamente purificados de sus impurezas." En esta unión aparecen los mayores milagros, porque entonces se dejan ver todos los colores imaginables, y el cuerpo imperfecto toma el color del fermento, mientras que éste permanece inalterado".

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Para la lectura de "Semita semitae" hemos utilizado una versión on-line de datos no especificados.


La cruzada de los niños

Los hijos y los nietos de quienes vivían a comienzos de siglo recogen una historia acaecida en 1212, tras la Cuarta cruzada, en la que una multitud de niños hacen su cruzada particular: es la llamada cruzada de los niños.
Según estas fuentes -entre las que se encuentran el filósofo Roger Bacon o el historiador y monje benedictino inglés Matthew Paris- estaríamos hablando de una secuencia de hechos iniciada en la visión coincidente en el tiempo que experimentan un niño francés y  uno alemán.
El niño francés habría sido visitado por Jesucristo, quien le da la misión de escribir unas cartas al rey de Francia tratando de persuadirle de dirigir una nueva cruzada para tratar de recuperar Jerusalén. Tras hacer el rey caso omiso de las cartas, el niño vuelve a ser visitado por Jesucristo quien, en esta ocasión, le insta a que sea el mismo quien dirija la cruzada sobre Jerusalén, y que lleve con el niños, pues es la pureza y bondad de sus almas la que hará que la ciudad caiga del lado cristiano. El niño alemán, aunque recluta a un numero menor de cruzados que el niño francés, ha asumido la misma misión encomendada por Cristo.
Decenas de miles de niños marchan, pues, hacia Niza. Por el camino la mitad desierta, la otra mitad muere de hambre. Llegan a la costa dos mil niños, junto a doscientos adultos; y, una vez ahí llega el tiempo (dos semanas) de orar para que se separen las aguas del mar, como si de Moisés se tratara, pues esta era la manera de proceder que habían recibido los niños en sus respectivas visiones.
Cuenta la historia que nada sucede entretanto; y dos mercaderes les ofrecen siete barcos que zarparán rumbo a Tierra Santa, hundiéndose dos de ellos  a la altura de Cerdeña; el resto van a parar a la ciudad egipcia de Alejandría, donde los dos mil niños son vendidos como esclavos por los mercaderes, dándose fin así a su cruzada.
Pero si nos remitimos a las fuentes contemporáneas -no a hijos o nietos- a este presunto suceso vemos que los participantes en la visita al rey de Francia -que, ante la negativa, en su mayoría regresaron por donde venían (y no se encuentran testimonios de expedición alguna a Jerusalén)- eran denominados en las crónicas como "pueri" (del latín "chicos", "niños") que era como a modo de eufemismo se llamaba a los grupos de vagabundos, gentes desplazadas por las necesidades económicas, que habían aparecido en Europa a principios del siglo XIII en número considerable; los "pueri" transformaban su vagar forzoso en misiones de protesta religiosa, lo cual era una polémica a la que se llegaba con asiduidad, cual lugar común, en la época, dada la inclinación de la Iglesia al lujo ostentado sin un ápice de disimulo. Fue años mas tarde, como decimos, que los cronistas tradujeron "pueri" como "niños".
Pero si la historia ha caído por su propio peso, el mito de los niños en su pureza y humildad (la fe, la cruzada) sigue vivo, como también la otra vertiente, la de su expulsión de tal paraíso con el destino al que en su peregrinación se vieron abocados.
 En 1896, bajo el título de La cruzada de los niños, Marcel Schwob publica una bella narración.

PRESENTACIÓN

Entre los meses de diciembre del 2013 y agosto de 2014 he llevado a cabo y publicado una web, bajo el encabezado de Cumbres medievales, dedicada al siglo XIII, que por motivos técnicos he tenido que abandonar. He decidido publicar el material ya realizado estos meses en este espacio-blog en vistas a proseguir con el proyecto. [NOTA: Al haber remitido en pocos días  los problemas técnicos de la web, he decidido llevar a cabo la publicación en ambos formatos, web y blog.]

Este espacio-blog trata del acercamiento del autor a un periodo de la historia concreto, el siglo XIII de nuestra era. El autor llegó a delimitar este periodo, como objeto de sus indagaciones, por uno o varios motivos, motivaciones interconectadas, entrelazadas.
Más exactamente, el desarrollo de este proyecto surge cuando el estudio por una teoría de la contemplación nos dirige hacia este periodo, naciendo -estudiando el pensamiento de San Buenaventura- la idea de llevar a cabo una novela ambientada en esta época. Así pues, este proyecto-blog será también una aproximación hacia esa posible novela futura. Será un laboratorio, una experiencia de expresión con la que desencadenar, canalizar las vías que nos abra ese abanico de posibilidades y tendencias, el delimitado siglo XIII que nos ofrece, presenta esa nuestra historia. Vida, pensamiento y expresión, esto es, todo lo que nos ofrecen a nuestro imaginario esas cumbres medievales.