La película Alexander Nevsky fue rodada por Sergei Eisenstein en 1938, en un momento que apuntaba a la inminente Segunda guerra mundial. En tal clima caldeado surge el film por encargo de Iosif Stalin, y es antes que nada un alegato a la lucha por la patria rusa; de lo que se trata es de defender la patria como valor supremo, una patria unida y viva ("vayan y díganles que Rusia vive"); y una fortaleza ("el que venga con la espada por la espada morirá").
Las mujeres, la pretendida en matrimonio, no se casará con otro que con el que más haya demostrado su valentía en la batalla, y a el se unirá fiel y amante. No hay mucho más en la película en lo que a cuestiones de amor se refiere.
Ante un enemigo exterior se levanta Rusia y uno se siente llamado a entregar su vida por la causa nacional, por la defensa de la tierra.
Es la triste historia de las guerras, de las invasiones de pueblos enteros que se lanzan a guerrear, a segar vidas, como si no tuvieran nada mejor que hacer. En tal caso, aquí el mensaje propagandístico de Eisenstein, entregado "calentito" a Stalin y al espectador, no es otro que la justicia y la bondad del morir por la patria invadida. De los motivos de la invasión y de las formas que los pueblos podrían tener de limitar la agresión invasora sobre otros territorios, por vía de sus gobernantes (del tratado legislativo entre naciones) no se nos dice nada, y en el mensaje de Eisenstein parece que no nos viéramos en la cuarta década del siglo XX sino en la situación del medievo, en el que sólo se trataba de defender los territorios, con uñas y dientes, del enemigo exterior. Puede parecer triste que los propagandistas de nuestra época no tengan otro mensaje que emitir que la defensa de la guerra con fines a defender la patria como valor supremo. En todo caso, me parece que tal defensa de la patria será un simple mal menor, una amarga realidad, y nunca un valor supremo. A mi modo de ver, ya hemos podido vislumbrar que los valores supremos de bondad, en la medida en que se puedan defender enarbolados como bandera, pasan por el pacifismo, por el fin o ausencia del derramamiento de sangre. Se me podrá decir que ese podría ser un valor supremo, pero utópico; y quizás así lo sea. Pero es que quizás hayamos llegado a la tierra en la que valor y utopía se identifican: cuando la patria es utopía, u-topos, la que no tiene lugar.
Y es entonces que nos podemos preguntar por el valor artístico, como defensa y expresión de valores propios, que un film como el Alexander Nevsky de S. Eisenstein puede tener, mas allá de lo que ese cineasta aportase, como ha quedado reconocido sobremanera, a las técnicas de montaje fílmicas en los inicios del cine sonoro, en la década de los treinta del pasado siglo XX.
Nevsky el gobernante sería con los siglos, entre los soviéticos, considerado héroe nacional (Stalin fundará una orden militar con su nombre; y la arteria principal de San Petersburgo -la perspectiva Nevsky- lleva el nombre que tomaría quien venció a los suecos sobre el río Neva); pero lo que es en buena medida cuestionable es que sean interesantes los heroísmos y, tambien, otros "ismos".
Eso no quita que en su tiempo Nevsky pudiera ser considerado un héroe o, cuando menos, un buen gobernante para su pueblo, un pueblo que necesitaría defenderse de sucesivas invasiones del entorno, de los suecos, de los germanos de la Orden teutónica ligados a la Iglesia católica en sus afanes expansivos, y de los mongoles, a quienes los rusos pagarían tributo al instaurarse, con la Horda de Oro, la pax mongólica. Los mongoles, con toda su agresividad, impusieron la pax. Y de la paz que hoy tratamos es la que quizás tendrían que emitir los medios, cuando menos los artísticos, porque para que fueran los políticos parece que tendríamos que trasladarnos ahí, a Utopía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario