Pocas veces habrán suspirado de alivio ante una noticia como los europeos del siglo XIII al darse la muerte del kan mongol Ogotai, hijo y sucesor de Gengis Kan, bajo cuyo gobierno se produjo la invasión mongola de Occidente.
Entre 1238 (once años después de la muerte de Gengis Kan) y 1242 los generales mongoles al mando de varias divisiones hicieron estragos en Europa donde fueron derrotando, uno tras otro, a los ejércitos nacionales que se les oponían, en alianza con templarios y caballeros de la orden teutónica. Comenzó el general Batu el espléndido invadiendo Kiev, las ciudades rusas y las estepas del mar Negro. Envió columnas para invadir la Rutenia (Polonia occidental). En marzo de 1241 estaban los mongoles al norte de los Cárpatos, entre Lemberg y Kiev. Los cuerpos de ejercito dirigidos por Kaidu y Baibars vencieron a los polacos de Boleslao (era el 18 de marzo; Cracovia fue incendiada) y al duque de Silesia: el 9 de abril, en la batalla de Liegnitz las fuerzas alemanas y polacas fueron prácticamente exterminadas; Enrique el Piadoso y sus barones perecerían entonces. "La leyenda dice -cuenta Harold Lamb en su Gengis Kan. Emperador de todos los hombres- que los mongoles cortaron una oreja a cada muerto enemigo y llenaron nueve sacos de ellas, que llevaron a Batu, su príncipe. La cabeza del desdichado Enrique, fue llevada en una lanza a Liegnitz". Al dia siguiente de la batalla Kaidu y Baibars se encontraban con el poderoso rey de Bohemia Wenceslao y lo burlaban, dirigiéndose hacia el sur para reunirse con Batu y Subotai, que estaban al mando de tres divisiones. Éstos habían pasado los Cárpatos y descendían por dos flancos: Subotai descendió a través de Moldavia, Batu vencía ante pequeños ejércitos entrando en Hungría desde Galitzia. Batu, Subotai y Mangu vencían a los húngaros de Bela en la batalla de la llanura de Mohi. Dice Harold Lamb: "Los húngaros huyeron y fueron perseguidos despacio. Durante dos días, los cuerpos de los europeos cubrieron los caminos. Cuarenta mil cayeron. Bela, separado de sus compañeros supervivientes, abandonó a su hermano moribundo, el arzobispo asesinado. Por la gran rapidez de su caballo se libró de la persecución, se ocultó a lo largo de la ribera del Danubio, fue perseguido y huyó a los Cárpatos. Con el tiempo llegó al mismo monasterio que albergó a su hermano Boleslao el Casto, rey de Polonia". Atravesando Austria bajaron los mongoles hasta el Adriático, arrasando y saqueando ciudades costeñas. Lamb concluye lo mismo que deberían pensar los cerebros de la época, a saber: "Los ejércitos aptos sólo para moverse en masa y conducidos por monarcas incompetentes, como Bela o San Luis de Francia, fueron valientes, pero inhábiles para conseguir éxito contra el rápido maniobrar de los mongoles, dirigidos por generales como Subotai, Mangu y Kaidu, veteranos de toda una vida de lucha en dos continentes".
Entonces fue cuando llego el correo de Karakorum: habia muerto Ogotai y los generales mongoles debían regresar con sus ejércitos al Gobi. Europa había sido, como el boxeador contra las cuerdas, salvada por la campana.
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