3 de septiembre de 2014

La muerte de Ogotai Kan (Salvados por la campana)

Pocas veces habrán suspirado de alivio ante una noticia como los europeos del siglo XIII al darse la muerte del kan mongol Ogotai, hijo y sucesor de Gengis Kan, bajo cuyo gobierno se produjo la invasión mongola de Occidente.
Entre 1238 (once años después de la muerte de Gengis Kan) y 1242 los generales mongoles al mando de varias divisiones hicieron estragos en Europa donde fueron derrotando, uno tras otro, a los ejércitos nacionales que se les oponían, en alianza con templarios y caballeros de la orden teutónica. Comenzó el general Batu el espléndido invadiendo Kiev, las ciudades rusas y las estepas del mar Negro. Envió columnas para invadir la Rutenia (Polonia occidental). En marzo de 1241 estaban los mongoles al norte de los Cárpatos, entre Lemberg y Kiev. Los cuerpos de ejercito dirigidos por Kaidu y Baibars vencieron a los polacos de Boleslao (era el 18 de marzo; Cracovia fue incendiada) y al duque de Silesia: el 9 de abril, en la batalla de Liegnitz las fuerzas alemanas y polacas fueron prácticamente exterminadas; Enrique el Piadoso y sus barones perecerían entonces. "La leyenda dice -cuenta Harold Lamb en su Gengis Kan. Emperador de todos los hombres- que los mongoles cortaron una oreja a cada muerto enemigo y llenaron nueve sacos de ellas, que llevaron a Batu, su príncipe. La cabeza del desdichado Enrique, fue llevada en una lanza a Liegnitz". Al dia siguiente de la batalla Kaidu y Baibars se encontraban con el poderoso rey de Bohemia Wenceslao y lo burlaban, dirigiéndose hacia el sur para reunirse con Batu y Subotai, que estaban al mando de tres divisiones. Éstos habían pasado los Cárpatos y descendían por dos flancos: Subotai descendió a través de Moldavia, Batu vencía ante pequeños ejércitos entrando en Hungría desde Galitzia. Batu, Subotai y Mangu vencían a los húngaros de Bela en la batalla de la llanura de Mohi. Dice Harold Lamb: "Los húngaros huyeron y fueron perseguidos despacio. Durante dos días, los cuerpos de los europeos cubrieron los caminos. Cuarenta mil cayeron. Bela, separado de sus compañeros supervivientes, abandonó a su hermano moribundo, el arzobispo asesinado. Por la gran rapidez de su caballo se libró de la persecución, se ocultó a lo largo de la ribera del Danubio, fue perseguido y huyó a los Cárpatos. Con el tiempo llegó al mismo monasterio que albergó a su hermano Boleslao el Casto, rey de Polonia". Atravesando Austria bajaron los mongoles hasta el Adriático, arrasando y saqueando ciudades costeñas. Lamb concluye lo mismo que deberían pensar los cerebros de la época, a saber: "Los ejércitos aptos sólo para moverse en masa y conducidos por monarcas incompetentes, como Bela o San Luis de Francia,  fueron  valientes, pero inhábiles para conseguir éxito contra  el rápido  maniobrar  de  los  mongoles,   dirigidos  por  generales como Subotai, Mangu y Kaidu, veteranos de toda una vida de lucha en dos continentes".
Entonces fue cuando llego el correo de Karakorum: habia muerto Ogotai y los generales mongoles debían regresar con sus ejércitos al Gobi. Europa había sido, como el boxeador contra las cuerdas, salvada por la campana.



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