Si lo que pretende muy inteligentemente el lector es, con estos textos medievales, evadirse de las miserias de nuestra vida cotidiana contemporánea; si lo que pretende es eso (cosa que en cierto sentido pretende todo el que se sumerge en el estudio o contemplación de lo histórico, de la historia, no menos que el no contradictorio impulso hacia una comprensión más veraz de nuestro presente vivido) entonces que tal lector me permita un inciso: aunque tengo la consigna de olvidar las noticias de la TV a eso que llega el mediodía como muy tarde, no siempre es posible, y quizás tampoco del todo deseable. Pienso en las noticias de TVE1 esta mañana, en la que junto al discurso del nuevo rey de España, el que hasta hace poco era el príncipe Felipe, y como la noche deja paso a un nuevo día he aquí que es ya nuestro rey Felipe VI: ¡Alabado sea el Rey!¡Gloria al soberano, y también a la patria! En esa patria se nos dice en las noticias, en noticia yuxtapuesta a todo lo panópticamente visible en la coronación comentada (los reyes comenzarían a adquirir poder en el siglo XIII, sucediendo a la figura anacrónica del Emperador, como comenta Le Goff en unas palabras que cité ya anteriormente en el texto sobre "Federico II Hohenstaufen"); en esa patria están viviendo, según los a veces demasiado fríos números, uno de cada cuatro niños por debajo del llamado umbral de la pobreza (y en otra noticia yuxtapuesta se remata el noticiario dejando caer que la O.N.G. Caritas ha tenido que triplicar sus ayudas en los últimos cinco años). Los números, según se miren, parecen crecer, aunque algunos ya ven realidades que empiezan (y parecen volver a empezar cada día) a confirmar la salida de "this thing called crisis". Crisis, un paralelismo que vemos con esa miseria que caracteriza los tiempos del medievo. ¿Cómo eran los niños entonces? -Mucho más desgraciados, se nos dirá. -Quizás ya no tanto, quizás sea lógico responder tras haber seguido el noticiario de hoy día 20 de junio de 2014 (junto a cualquier imagen mundial de miseria y explotación, pan de nuestra perplejidad paralizada), en el que se presenta a Felipe VI, que tendrá que afrontar la crisis de un país, y tratar de erradicarla, supongo, tomando el relevo monárquico de su padre, que afrontaría lo que llevamos de crisis, no creo que nadie sepa si mucho o poco (creo intuir, aunque no con métodos científicos tipo conjetura-refutación, que poco -y es que tengo pocas esperanzas puestas en la erradicación o incluso disminución de la miseria en el mundo actual). Sigamos pues: en el siglo XIII la mortalidad infantil se presume alta; en casa el niño no era como el favorecido que es en la actualidad sobre todo en los países mediterráneos, si aceptamos la observación de Le Goff y Truong en
Una historia del cuerpo en la Edad Media, ni mucho menos (siguiendo la lectura de estos autores) el niño-rey característico de la península itálica de hoy en día. (Apuntar el dicho popular catalán de "El reietó de la casa", traducido como "el reyecito de la casa", referido al niño, claro; aunque a veces la madre desvíe la mirada hacia su cónyuge cuando emite tal juicio con sonrisa extraña). En el siglo XIII, nos cuentan Le Goff y Truong, surge una revalorización del niño: "Este incremento de atracción y de interés por el niño se manifiesta igualmente en el auge de la Natividad en la liturgia y en la iconografía medievales. Las representaciones de la Natividad adoptan asimismo un carácter mucho más realista al final de este periodo, coincidiendo con la evolución del arte medieval en general. La representación del nacimiento de Cristo se convierte en una verdadera escena de parto, con una virgen parturienta y sirvientes que lavan al niño en una jofaina, mientras que en representaciones anteriores el espectador sólo podía ver la presencia de un San José dubitativo, incluso gruñón y a menudo risible que, en un rincón del cuadro, parecía estar preguntándose cómo había podido producirse este nacimiento". A partir del siglo XIII, "con la promoción del niño Jesús se promueve la infancia, en particular con la redacción de numerosos Evangelios apócrifos que relatan la infancia de Jesús". También apuntan Le Goff y Truong que "las manifestaciones desbordantes de dolor cuando mueren los hijos se acentúan".
(Para las referencias utilizadas: Le Goff, Jacques y Truong, Nicolas-
Una historia del cuerpo en la Edad Media, subcapítulo
-Finalmente aparece el niño-: pgs.84-87. Ed. Paidós . 2005).
---El niño tiene un lugar en la
Madonna di Castelfiorentino de Cimabue (1240-1302).---
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